En Mazarrón mandan los de la costa
Ambos conjuntos, a los que el destino parece haber traído al mundo para incordiarse, tienen dos objetivos cada vez que se miden: el primero, no perder; el segundo, ganar. En ese orden. Ya se vio la temporada pasada en este mismo escenario cómo aquel gol de Camilo para empatar el encuentro, justo al borde del pitido final, desató la euforia total de la parroquia azul. En aquel momento, el Bala luchaba por eludir el descenso frente a un Mazarrón que competía por terminar la campaña regular en puestos de playoff; metas que ambos terminaron consiguiendo al concluir la liga regular.
| Once inicial del equipo de la capital municipal mazarronera / Mazarrón FC |
Los chicos de Radu Varcus llegaban al derbi tras ceder dos puntos en la última jugada del choque ante el Olímpico de Totana, mientras que los pupilos de Keni caían derrotados en el Pedro Méndez Méndez frente al recién ascendido Cotillas.
Con las gradas del Playasol registrando una excelente entrada —como acostumbra cada duelo entre ambos conjuntos—, el capitán azul, Fran Cortés, puso el balón en juego tras besarlo. Desde el primer lance se percibió que los futbolistas eran plenamente conscientes de lo que este choque significaba para ambas aficiones: la tensión era máxima y se contagiaba recíprocamente, traduciéndose en continuas interrupciones durante los primeros cinco minutos.
Una vez canalizados los nervios, el Bala Azul se adueñó de la pelota. El conjunto marinero firmó las mejores combinaciones e internadas, con su delantero centro gozando de la primera ocasión.
En el minuto 15, tras la salida de un saque de esquina, el Mazarrón gozó de su primera ocasión con un disparo desde la frontal que acabó bloqueado por la zaga azulona. A partir de esa jugada las tornas cambiaron: el conjunto del interior comenzó a superar líneas en campo contrario con facilidad, encadenando continuos asedios sobre la portería guardada por Álex Sánchez.
La grada visitante apretaba bulliciosa en cada acción y con cada falta en contra, tratando de condicionar a un colegiado al que quizás le sobrepasaba el ambiente, llegando a señalar alguna infracción al escuchar el grito del futbolista que salía peor parado en el lance. En el minuto 21, el Mazarrón avisó de nuevo con un peligroso testarazo tras un centro desde la izquierda de Johan Sánchez, un puñal infatigable colgando balones al área.
Los visitantes se adueñaban de las llaves del encuentro ante un Bala Azul al que le ardía el balón en los pies, incapaz de mantener la posesión y obligado a buscar alguna contra aislada para inquietar a los defensores de rojo.
La primera gran ocasión del Bala llegó en el minuto 24, con un disparo de zurda que obligó a Simón Ballester a intervenir abajo. Uno de los más destacados en los locales estaba siendo Raúl Sánchez —defensa reconvertido a mediocentro para este choque—, incansable en las ayudas defensivas, infranqueable en la protección del balón y clave en la circulación que conectaba la zaga con el ataque.
En el 29', Fran Cortés mandó arriba un envío al área tras un centro desde la izquierda; un remate potente pero falto de precisión que dejó clara la intención del capitán: no pensárselo ni una décima de segundo para apuntar entre los tres palos.
Entre faltas continuas y acciones al límite del reglamento transcurría el juego. A diez minutos del descanso, Valdeolivas dispuso de la oportunidad más clara hasta el momento con un remate a bocajarro que estrelló en el larguero, dejando en vilo a toda la parroquia del Puerto. A partir de esa jugada, la ida y vuelta se intensificó, llegando ambos equipos con relativa facilidad a portería contraria. Mientras tanto, Seidu Kaboré —uno de los futbolistas más queridos por la afición portuense, que inició la primera jornada desde el banquillo— firmó un nuevo despliegue sobre el césped del Playasol y bajo las gaviotas que sobrevolaban el terreno de juego, haciendo gala de su superioridad para imponerse en los duelos y desbaratar el peligro en el uno contra uno.
Fran Cortés volvería a disponer de otra oportunidad —esta vez, la mejor del primer tiempo— al conectar un centro desde la derecha que obligó a Simón Ballester a realizar una estirada soberbia. No fue hasta la siguiente acción cuando el marcador perdió las "gafas": Tomás Cruz, excentrocampista de la Unión Balompédica Conquense, anotaba en el minuto 44 con un latigazo por bajo, a la derecha de la cepa del portero, adelantando a su equipo al borde del descanso y en un momento psicológico clave antes de encarar el paso por vestuarios.
Se notaba ese subidón anímico del Bala en la segunda parte, arrancándola con el control del juego y pisando con asiduidad la zona de tres cuartos.
Pese a ello, en el minuto 5, el delantero centro Arturo probó suerte, avisando a los locales de que aún quedaba mucho partido por jugar. Comenzaba a quedar claro que el árbitro, Jesús Izquierdo, optó por mantener el control del choque ante la tensión constante con un criterio muy conservador: pitaba falta en prácticamente cada contacto, lo que interrumpió de sobremanera el ritmo, frenó las acciones continuas e hizo desaparecer las ocasiones.
Sobre el minuto 20 de la segunda mitad, el capitán Taborda botó una falta que Belami conectó con un potentísimo testarazo que se marchó desviado. Poco después, el Mazarrón dispuso de otra falta a favor cerca de la frontal del área. Antes de su ejecución, se produjo una tangana con empujones que se saldó con cartulinas amarillas para Camilo, por parte del Bala Azul, y para Arturo y Simón Ballester —quien abandonó su área para sumarse a las protestas—, por el bando visitante.
El episodio más amargo del choque aconteció a la hora y cuarto de juego, cuando Iñaki Mendizabal, tras ser sustituido, fue objeto de cánticos despectivos por parte de un sector de la afición visitante a raíz de su traspaso estival del Mazarrón al máximo rival. Desde la grada rojilla se llegó a escuchar el grito de «¡Iñaki, muérete!», un feo gesto que afectó visiblemente al futbolista, quien tuvo que ser arropado con un abrazo en la zona de banquillos.
El Mazarrón continuaba generando peligro, mientras que Leo, ingresado desde el banquillo en las filas locales, probaba suerte con un desafortunado disparo para ampliar la ventaja.
La tensión extrema, el juego bronco y los continuos choques o protestas mantuvieron el choque al rojo vivo. No era un partido más: era el derbi por excelencia para ambos contendientes, disputado con la intensidad propia de una gran final donde nadie daba un balón por perdido. Quedaba patente que, por encima del escudo, lo que estaba en juego era el orgullo de la localidad a la que ambos representaban.
En los minutos finales, el conjunto azulón se mostró más entero físicamente, con un Leo diferencial que sentó cátedra liderando la medular y tomando decisiones de peso en la parcela ofensiva. Los hombres de rojo apretaron más con el corazón que con la cabeza, incapaces de generar nuevas ocasiones de gol. Tras una dura y épica batalla, las balas azules amarraron la victoria. «Aquí manda el ¡Bala!», se podía leer en una camiseta exhibida en los vestuarios durante la eufórica celebración tiburona. El año 2026 concluirá con la zona costera presumiendo con orgullo de su equipo; en enero de 2027, los del interior buscarán la revancha en su feudo. Mientras tanto, en la bandera futbolística del municipio flamea con fuerza el emblemático faro portuense.
ARTÍCULO REALIZADO POR MATÍAS GONZÁLEZ MÁRQUEZ (matglez3)
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