Retransmisiones olímpicas: ¿difusión deportiva o fanatismo nacional?
Los Juegos Olímpicos son el mayor espectáculo global, con el poder de unir (aunque sea solo por unos días) lo que guerras, autoritarismos y diversas formas de discriminación suelen separar. Constituyen una plataforma ideal para exhibir la cultura de diferentes países y, sobre todo, para mostrarnos que, a pesar de nuestras diferencias, no somos tan distintos como a menudo nos han hecho creer.
Esta gran responsabilidad recae en gran medida en los medios de comunicación, que informan, entretienen y construyen una representación de este prestigioso evento para que los espectadores puedan disfrutarlo desde sus hogares.
En la retransmisión de los Juegos Olímpicos de 2024, celebrados en París, RTVE ha contado con destacados periodistas deportivos nacionales como Ernest Rivera, Paloma del Río, Paco Caro, Lourdes García Campos o Marcos López. Su trabajo ha sido, sin duda, exhaustivo y de alta calidad. Sin embargo, hay aspectos que escapan a su control, ya que se limitan a seguir las directrices establecidas por sus superiores y no tienen responsabilidad directa sobre las decisiones editoriales.
María Escario, periodista deportiva emblemática de RTVE, ha criticado la falta de explicación adecuada de ciertos eventos y la cobertura insuficiente de algunos deportes. Además, ha señalado el “paternalismo excesivo” con el que se ha tratado a los competidores españoles, distorsionando el papel objetivo que debería tener el periodismo.
Rubén Arranz, periodista de El Independiente, expresó su descontento con el uso de términos como “nuestras campeonas” para referirse a las jugadoras de la selección española de balonmano femenino, quienes no lograron ganar ningún partido. Otro caso señalado por el vallisoletano fue la antideportividad de los comentarios en una prueba de kayak, en los que se ansiaba impetuosamente que un deportista británico fallara en su prueba para que le penalizaran con el objetivo de que un español saliera beneficiado.
La cobertura limitada de algunas disciplinas, que a menudo ha sido emitida únicamente por la participación de atletas españoles, ha sido una oportunidad perdida para promover estos deportes en España y aumentar su popularidad, además de facilitar la visibilidad y el conocimiento de nuestros representantes en esas disciplinas.
Por otra parte, es entendible que una empresa pública ayude a resaltar a su delegación nacional, dado que los éxitos deportivos contribuyen a la imagen del país, con efectos positivos en términos de visibilidad internacional, relaciones diplomáticas e inversiones económicas. Sin embargo, una cobertura exagerada y sesgada ayuda a distorsionar la realidad del evento, presentando una perspectiva parcial de los hechos fomentando la desinformación.
Es necesario reflexionar sobre el fanatismo y la defensa desmedida de los deportistas nacionales promovida por RTVE, que en esta edición ha alcanzado niveles preocupantes. Justificar todas las actuaciones, incluso las que han sido claramente deficientes, con frases como “mala suerte”, "mal arbitraje" o “nos tocó contra los mejores” solo sirve para enmascarar la realidad en un mundo donde a veces se gana y otras se pierde. La crítica no puede huir de su papel: ser honesta, informativa y basada en la verdad, ya que ese es (o debería ser) el objetivo del periodismo.
MATÍAS GONZÁLEZ MÁRQUEZ (@matglez3)


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