Volvió a decir adiós, pero esta vez sí se le dio

A diferencia de su amarga renuncia en 2016 tras cuatro finales perdidas, Leo Messi se despide definitivamente de la selección argentina tras conquistarlo todo en una treintena dorada

Leo Messi, tras la conquista de su trofeo más preciado / Quality Sport Images

Artículo de opinión realizado por Matías González Márquez (@matglez3)

Hay metas en la vida que caen por su propio peso desde el primer momento y otras que parecen cerrarse con candado para siempre. En el deporte de máxima exigencia, la voracidad insaciable y la disciplina diaria no te garantizan el triunfo a la primera, pero rendirse sí te asegura la derrota inmediata. Es una lección que leyendas como Leo Messi y Cristiano Ronaldo llevan esculpiendo desde hace más de veinte años: la constancia no asegura que el premio llegue pronto, pero te mantiene con el colmillo afilado para cuando el destino vuelva a presentarte la oportunidad.

Durante años, la trayectoria de Messi con la camiseta albiceleste fue una contradicción brutal con su día a día. Con el FC Barcelona la gloria era una costumbre dominical: Ligas, Champions League, Mundiales de Clubes y una colección histórica de Balones de Oro mientras batía registros que parecían anclados de por vida en el deporte en blanco y negro. Sin embargo, tras aquellos lejanos triunfos en el Mundial Sub-20 de 2005 y en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 con la sub-23, el camino se convirtió en un calvario de continuos «casi, pero no» en la selección absoluta.

El golpe se repitió cuatro veces seguidas: la final de la Copa América 2007 ante Brasil, el durísimo revés en la prórroga del Mundial 2014 frente a Alemania y las dos Copas América consecutivas en 2015 y 2016, ambas perdidas desde el punto de penalti ante Chile. Aquella madrugada de 2016 en Nueva Jersey dejó una de las imágenes más desgarradoras del fútbol moderno: Messi derrumbado sobre el césped, llorando desconsoladamente en el banquillo y consumido por la impotencia. Minutos después, con los ojos todavía hinchados, sentenciaba ante los micrófonos: «Ya está, se terminó para mí la Selección... no se me dio». El genio de la pelota claudicaba tras ver que la suerte le daba la espalda una y otra vez con su país.

El astro argentino, tras perder la final de la Copa América Centenario 2016 / Diario Hoy

Pero su ambición casi enfermiza pudo más que el desahogo del dolor. Volvió sin promesas de gloria, aceptó las críticas y asumió que la única manera de revertir la historia era seguir insistiendo. Fue entonces, con 35 años y con buena parte del planeta fútbol dando por cerrada su ventana de éxito, cuando todo por fin encajó.

Entre 2021 y 2024, Argentina vivió un período hegemónico. Llegó la Copa América de 2021 en el mítico Maracaná para quebrar una sequía nacional de 28 años sin lograr el entorchado continental, la exhibición ante Italia en la Finalissima 2022 y la cumbre absoluta en el Mundial de Catar 2022, donde Leo lideró el juego de la Albiceleste con una plasticidad pocas veces vista en la máxima competición, respaldado por siete goles —dos de ellos en la final ante Francia— para continuar el legado que antes dejaron el mito del Valencia y del Hércules, Mario Alberto Kempes, en 1978, y el tótem supremo de la República Argentina, Diego Armando Maradona, su comparación eterna. Año y medio después, sellaba el ciclo con otra Copa América.

El futbolista rosarino, el día en que se convirtió en el máximo goleador de la historia mundialista / France 24

Tras no poder revalidar la corona mundial el pasado 19 de julio, ante una España claramente superior, y con 39 años cumplidos durante el torneo, su futuro en el fútbol de selecciones estaba en el aire. El último día de agosto, Leo amplificó la melancolía de quienes apuraban sus vacaciones de verano con su despedida definitiva. Su trayectoria demuestra que las cosas no siempre llegan en el primer intento ni en el teórico momento prime de la vida de un futbolista. Aquello que «no se le daba» terminó llegando porque decidió levantarse una vez más que el resto. Al final, la insistencia le ganó el pulso a la resignación: una lección de coraje que sirve para cualquier ámbito de la vida.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando el Tomelloso CF acarició su primer título nacional

En Mazarrón mandan los de la costa

Cuando Tomelloso tuvo al mejor equipo de Castilla-La Mancha